Mucho se ha investigado en las últimas décadas sobre los afrodisíacos. Los especialistas concluyen que no hay una relación biológica directa entre la excitación sexual y la ingestión de ciertos manjares, sino que existen comidas con niveles calóricos y energéticos elevados, que no sirven de nada si no están acompañadas de los requisitos básicos que complementan una relación sexual.
Hasta el momento, los únicos afrodisíacos respaldados por investigaciones científicas son los producidos por el cuerpo humano: las feromonas, existentes también en diversas especies animales. Estas pueden ser potentes «imanes» que desencadenan la atracción sexual, a «primera vista» entre sujetos de la misma especie.
Algunos alimentos poseen formas representativas que nos recuerdan a los órganos genitales, o que se pueden comer de una forma erótica y sensual y despertar la libido. Por ejemplo, los espárragos y los plátanos, que tienen forma fálica.
Los terapeutas sexuales señalan que a los afrodisíacos no se les debe sobredimensionar.
Más allá de un aroma o una comida sugestiva, no se debe pensar en ellos como único detonante para activar el desempeño sexual, pues la atracción entre las personas está determinada por factores biológicos pero también espirituales que no pueden suplirse con un «buen plato» o un aroma diferente.
A ese platillo que se ha preparado de manera «exótica», se le añaden otros elementos no palpables, pero que en el subconsciente disparan la respuesta sexual de la pareja. La ambientación, los olores, la música son factores que alimentan la imaginación para el encuentro íntimo.
La pareja debe tener claro que el amor y el erotismo no son ingredientes que se puedan cocinar a través de remedios o pócimas fantásticas, sino que se cultivan a través de la fantasía, la creatividad, el cariño y la pasión de los enamorados en un ambiente propicio para el placer y la entrega sexual.